1 de marzo de 2014

Oda a la vejez

Entiendo que las arrugas son síntoma de sequedad en la piel, que las canas avejentan y que las jorobas no son sexyes. Pero si lo natural es envejecer y lo antinatural es no hacerlo, ¿por qué el constante intento de evitar lo inevitable? Es algo indicativo que la búsqueda en internet de "productos antienvejecimiento" arroje un total de 1 120,000 resultados. Se anuncian cremas, pomadas, parches, tratamientos naturales e, incluso, se ofrecen vacunas antienvejecimiento... ¿Pero qué no se dan cuenta que no hay forma de no envejecer? Incluso las operaciones e injertos (además de caras y dolorosas) no traen los mejores resultados.


Además ¿quién se beneficia de todo esto? Definitivamente no es el iluso comprador que, esperanzado de haber encontrado el antídoto contra lo imposible, derrocha su poca o mucha fortuna. Se beneficia el vendedor, el comerciante, aquél gigante que se alimenta de la ingenuidad de unos cuantos.

Simplemente conviene aceptarlo: vamos a envejecer. Todos en algún momento. Unos mejor que otros: unos con más o menos arrugas, otros con más o menos canas, otros con más o menos dientes, otros con más o menos pelo, otros con más o menos labios y otros con más o menos grasa. En cualquier caso, resulta más convincente preocuparse por ser un viejo feliz y pleno que uno con un cutis perfecto. Al menos lo primero sí está en nuestras manos.