El jueves pasado obtuve mi "Credencial del Peregrino" en la Universidad. El bedel (como le dicen aquí a los "polis") me cobró un euro y me la dio. La credencial tiene espacio para 40 sellos. En la parte posterior tiene un mapa que muestra los diversos caminos así como algunas señalizaciones.

Hacer el camino implica planeación además de, por supuesto, un buen motivo para recorrerlo. En las Siete Partidas, por ejemplo,
se habla de tres formas de peregrinar: por voluntad, para cumplimentar
un voto o para hacer penitencia. En el siglo XII la peregrinación se
convirtió en un fenómeno de masas, se peregrinaba principalmente para hacer penitencia o encontrar algún milagro del Santo. Durante la baja Edad
Media, por otro lado, la afluencia de peregrinos disminuyo notablemente y los motivos para peregrinar cambiaron. Ahora se caminaba para encontrar cierta aventura caballeresca o simplemente para conocer el mundo de forma diferente. También durante la Ilustración el peregrinaje descendió. Pero ocurre algo interesante durante la posguerra. Tras la sombra del holocausto y las recientes catástrofes, el deseo de peregrinar aumentó intensamente. La intención del peregrino de aquellos tiempos era encontrar las raíces que habían dado unidad a la Europa de preguerras.
Ahora caminar a Santiago puede hacerse por varios motivos: conocer el mundo, buscar algo espiritual o interior, mostrar una ofrenda o sacrificio, agradecimiento, penitencia, etc. En cualquier caso el camino de Santiago representa una de las
principales manifestaciones de la cultura cristiana occidental. Y, como
indica San Agustín, la ruta permite regresar a lo esencial despreciando
lo insignificante. Dicen por ahí que la grandeza de
esta tradición milenaria acaba convirtiendo al más incrédulo en
peregrino. Lo descubriré en mayo cuando haga el camino.
Sobre la planeación pueden decirse algunas cosas. Primero hay que determinar la fecha más apropiada y después la ruta. Lo más aconsejable es hacerlo en septiembre o mayo por cuestiones climáticas y de flujo de peregrinos. En cuanto a la ruta yo consideré tres opciones: Portugués, Primitivo y Francés. Elegí el Francés. Sobre el inicio de esta ruta hay controversia, unos dicen que comienza en Saint Jean Pied de Port y otros en Puente la Reina. Esta ruta tiene 30 o 31 etapas dependiendo de la guía que se consulte. Cada día se camina un promedio de 25 a 30 kilómetros que implica un total de 6 u 8 horas dependiendo de la dificultad del camino. Cada etapa está pensada para hacerla en un dia. Yo no me caracterízo ni por mi buena condición ni por mi esmero en caminar. Así que dicidí entrenar durante estos meses para poder llegar a Santiago. Me dijeron que consiguiera unas buenas botas de caña alta e impermeables así que fui a Decathlon y las compré. También pedí prestado un bastón. Es curioso descubrir que el bastón sí sirve y que funciona mejor en las bajadas que en las subidas. Sobre usar uno o dos bastones depende del peregrino. Yo prefiero uno aunque en tiempos de calamidad sugiero dos. Después me inscribí en un grupo que se autonombra "club de montaña". Haríamos el tramo Saint Jean Pied de Port-Roncesvalles. Los montañeros aconsejaban llevar: protector solar, lentes de sol, agua y comida para todo el día. Durante el trayecto la gente contaba sus experiencias. Había muchos peregrinos que habían hecho varias rutas. Se escuchaba por ahí que el Francés era el verdadero camino, algunos afirmaban que la ruta también podía nombrarse "ruta de Napoleón" pues por ahí entraron sus tropas a invadir la península. También hablaban del camino Portugués diciendo que era el más fácil por lo plano de sus sendas. Caminaríamos alrededor de ocho horas por un camino definido como "una de las etapas más bonitas y exigentes". Al cabo de unas seis horas nos topamos con un refugio pequeño equipado con una barra para poner la bolsa de dormir y un teléfono para llamadas de emergencia. Descubrimos que gracias a ese refugio tres peregrinos, impertinentes y perdidos, pudieron pedir ayuda y salvarse. Hablamos de si el peregrino perdido debe o no pagar su rescate. Acordamos que si la culpa la tiene el peregrino debido a su necedad y negligencia, éste debe pagar su rescate.
Las dos últimas horas fueron duras. Mis pies y rodillas sufrían. Me tomé un ibuprofeno y una montañera española me consiguó una rama para apoyar la otra pierna. Desde ahí caminé despacio, disfruté más el paisajé y conversé con la gentil peregrina. Le comenté que soy mexicana y hablamos sobre política, las diferencias entre nuestros países y de lo absurdo que resulta odiar a los ricos.
Hace un mes hice otras dos etapas: Pamplona-Puente la Reina/Puente la Reina-Estella. La primera con una amiga mexicana y dos chilenas y la segunda con tres chilenos. El chileno dijo que hacer senderismo agudiza los sentidos. Yo le creo. La chilena bromeaba acerca de la posibilidad de convertirnos en guías del camino después de una historia que se inventó sobre sus zapatos. La mexicana pedía graciosamente comprensión dado que, por ser la de menor estatura del grupo, debía dar zancadas más largas y hacer más esfuerzo. La otra chilena propuso hacer dos etapas en dos días seguidos. Todos asentimos. En enero haremos Estella-Los Arcos/Los Arcos-Logroño. Pasaremos por una fuente del vino.
Referencias
- Pombo, De Antón, El Camino de Santiago en tu mochila, Anaya, Madrid, 2009.
- Bravo Lozano, Millán. Guía práctica del peregrino, Everest, León, 1995.
- http://caminodesantiago.consumer.es/